estrés

Si queremos ser capaces de controlar, con entera responsabilidad, el nivel de nuestro estrés, necesitamos reconocer los síntomas del mismo. A este respecto solemos poner en nuestros cursos una comparación. Cuando éramos pequeños, entre el primer y segundo años de vida, nuestra madre nos ayudó a darnos cuenta, a nivel de corteza cerebral, de las sensaciones correspondientes a cierta cantidad de orines o de heces fecales en nuestro cuerpo. Y cada vez que detectábamos semejante cantidad, decíamos: “mamá, quiero hacer del uno o del dos”.

Otro tanto sucede en el asunto del estrés, es posible enterarnos de que está alcanzando “cierta altura peligrosa”, y es el momento de eliminarlo. Antes de que se vuelva excesivo o peligroso, podemos echarlo fuera de nosotros. Antes de que se vuelva crónico y empiece a enfermarnos y a traernos problemas laborales, interpersonales o emocionales, es posible cortarlo. No tenemos ninguna obligación de alimentarlo y sostenerlo en “esos niveles peligrosos”.

¿Cuáles son los signos de un estrés excesivo?

Vamos a mencionar algunos de los que señala el Dr. Peter Hanson. Somos conscientes de que cada quien posee su propia medida. No hay en esto un termómetro universal. Con todo, ciertos síntomas suelen ser comunes. Repasarlos ahora nos ayudará a descubrir, en la vida diaria, “las señales con que nuestro organismo nos pide liberarlo del estrés”.

En el aspecto corporal encontramos algunos signos, los cuáles, por ser subjetivos, no suelen ofrecer todas las garantías como indicadores del estrés. Sin embargo, no dejan de prestarnos una ayuda para medir el nivel personal de éste.

LAS “SEÑALES” FÍSICAS

Cabeza y cuello
  • Agotamiento por trabajo excesivo.
  • Ansiedad, hostilidad exagerada, hábitos nerviosos como mordernos las uñas o carraspear con demasiada frecuencia.
  • Incapacidad para concentrarse.
  • Insomnio.
  • Fatiga.
  • Depresión; sentimientos de baja autoestima.
  • Dolores de cabeza, incluyendo la migraña y los producidos por la tensión.
Tórax
  • Espasmos del árbol alveolar, es decir, quedarse literalmente sin aire. Este es el mismo mecanismo que desencadena el asma y en algunos casos puede ser bastante doloroso.
  • “Globo histérico”, un espasmo severo en los músculos superiores de la garganta que hace prácticamente imposible el tragar. Por lo general se detecta después de un estrés agudo cuando la persona trata de comer o de beber algo. Aunque resulta casi inofensivo, es en extremo doloroso y aterrador en el momento que sucede.
  • Acidez.
  • Pulso acelerado, detectado ya sea en la garganta o en el vértice del corazón.
  • Sensación de pesadez o dolor en el pecho. Ambos podrían ser síntomas de un ataque cardiaco. El dolor en el corazón puede irradiarse hacia la barbilla, hacia cualquier de los hombros o hacia el brazo izquierdo, e incluso puede presentarse en alguna de estas áreas con muy poco dolor en el pecho o sin él. En general, el médico debe investigar de inmediato los dolores de este tipo, que empeoran con el ejercicio y desaparecen con el descanso.
Estómago
  • Cambios en el apetito y, en consecuencia, modificaciones en el peso. En situaciones de estrés, la mayoría de las personas pierde interés en la comida y también peso, pero algunas reaccionan comiendo todo el día y aumentado de peso en forma masiva.
  • Mayor uso de alcohol y de drogas.
  • Problemas intestinales. Algunas personas se estriñen y a otras les da diarrea. La mayoría experimenta cierta inflamación y malestar después de una comida.
Tracto urogenital
  • Frecuencia urinaria.
  • Impotencia en los hombres.
  • Descenso de la libido en las mujeres.
SIGNOS GENERALES
  • Enfermedades frecuentes e inexplicables como dolores de garganta que duran todo el invierno y fiebres provocadas por todos y cada uno de los virus de gripe que flotan en la oficina.
  • Proliferación de trastornos en la piel como el acné, la psoriasis y otras erupciones cutáneas.
  • Agravamiento de enfermedades ya existentes como la artritis, las infecciones e incluso el cáncer.